CÓMO INFLUYE LA TEMPERATURA EN LA PERCEPCIÓN SENSORIAL DEL VINO (Y CÓMO AJUSTARLA EN VERANO)

Cuando hablamos de disfrutar de un buen vino, solemos prestar atención a la variedad de uva, la añada o el tipo de copa. Sin embargo, existe un factor que condiciona de forma decisiva la experiencia de cata y que, especialmente en verano, suele pasarse por alto: la temperatura de servicio.

 

Tras más de 85 años de experiencia en la elaboración de vinos dulces, en Bodegas Mamerto de la Vara sabemos que unos pocos grados pueden marcar una gran diferencia en la degustación. Por ello, la temperatura de servicio forma parte de las recomendaciones que siempre acompañan a nuestros vinos, especialmente durante los meses más cálidos del año.

 

Aunque pueda parecer un detalle menor, servir un vino a la temperatura adecuada permite disfrutar de una experiencia de cata mucho más equilibrada y fiel a las características con las que ha sido elaborado.

Comprender cómo influye este factor es el primer paso para sacar el máximo partido a cada vino.

 

 

¿QUÉ ASPECTOS SENSORIALES MODIFICA LA TEMPERATURA?

 

La temperatura influye directamente sobre varios elementos que intervienen en la percepción del vino:

 

-La volatilidad de los compuestos aromáticos, responsables de los aromas que percibimos en nariz.

 

-La percepción del alcohol, que puede resultar más o menos evidente según la temperatura.

 

-El equilibrio entre dulzor, acidez y frescura, modificando la sensación global durante la degustación.

 

 

¿QUÉ OCURRE CUANDO EL VINO ESTÁ DEMASIADO CALIENTE?

 

A medida que aumenta la temperatura, se producen varios cambios sensoriales:

 

-Mayor intensidad aromática: El incremento de temperatura favorece la liberación de los compuestos volátiles, haciendo que los aromas se perciban con mayor intensidad.

 

-Mayor sensación alcohólica: El etanol también se vuelve más volátil, por lo que el alcohol gana protagonismo tanto en nariz como en boca, pudiendo llegar a enmascarar otros matices del vino.

 

-Menor sensación de frescor: Las temperaturas elevadas potencian la percepción del dulzor y disminuyen la sensación de acidez, haciendo que el vino resulte más pesado y menos refrescante.

 

 

¿Y SI EL VINO ESTÁ DEMASIADO FRÍO?

 

Un exceso de frío también modifica la experiencia de cata, aunque en sentido contrario.

 

-Menor expresión aromática: Las bajas temperaturas reducen la volatilidad de los compuestos aromáticos, por lo que el vino muestra menos intensidad en nariz.

 

-Mayor sensación de frescor: Al disminuir la percepción del alcohol y del dulzor, la acidez adquiere mayor protagonismo, aportando una sensación más fresca y viva.

 

-Mayor firmeza en boca: El frío incrementa la sensación de tensión y estructura, haciendo que el vino parezca más compacto y menos voluminoso.

 

 

EL VERANO: EL GRAN ENEMIGO DE LA TEMPERATURA DE SERVICIO

 

Durante los meses de calor, mantener la temperatura adecuada resulta especialmente complicado. Una vez servido, el vino comienza a calentarse rápidamente por efecto de la temperatura ambiente y del contacto con la copa.

 

En pocos minutos, un vino puede aumentar de temperatura, modificando notablemente su perfil sensorial. Por ello, en verano conviene servir el vino ligeramente más frío de la temperatura objetivo, de forma que alcance su punto óptimo mientras se disfruta.

 

 

TEMPERATURAS RECOMENDADAS

 

Nuestra amplia experiencia como elaboradores de vermuts, mistelas y moscateles, nos permite ofrecer algunas recomendaciones prácticas para servir estos vinos en las mejores condiciones.

Mantener la temperatura adecuada es fundamental para disfrutar de todas sus cualidades sensoriales.

 

VERMUTS

 

-Temperatura de servicio: entre 6 y 10 ºC.

-¿Se puede añadir hielo? Sí. Cuando se consume como aperitivo, uno o dos cubitos ayudan a mantener la temperatura sin afectar significativamente a sus características.

 

MISTELAS Y MOSCATELES

 

-Temperatura de servicio: entre 8 y 11 ºC.

-¿Es recomendable el hielo? No. La dilución disminuye la intensidad aromática, uno de los principales atributos de estos vinos. Como alternativa, es preferible enfriar previamente la copa.

 

 

 

 

 

LA TEMPERATURA TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA EXPERIENCIA

Servir un vino a la temperatura adecuada no es una cuestión de protocolo, sino una herramienta para disfrutar plenamente de todas sus cualidades sensoriales.

 

Especialmente en verano, controlar unos pocos grados puede marcar la diferencia entre un vino equilibrado, fresco y expresivo, y otro en el que el alcohol predomine o los aromas queden ocultos.

 

Porque, al final, un buen vino comienza mucho antes del primer sorbo.

 

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